Marian Arias: «Tal y como se ejerce hoy día la prostitución, el nivel de vulnerabilidad de las mujeres es bestial»

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En Bizkaia hay unas 900 mujeres que ejercen la prostitución. El temor al rechazo social les lleva casi siempre a ocultar su actividad, lo que les provoca angustia y soledad. Askabide, con 19 personas en plantilla y otras 40 en voluntariado, ha tejido una red de apoyo a estas personas, poniendo a su disposición pisos de emergencia, lugares de residencia, asistencia legal, formación profesional y apoyo sicológico. Pionera en el Estado español, la asociación acaba de cumplir 30 años y tiene su sede en el barrio Cortes de Bilbao, donde nos recibe su directora, Marian Arias.

Texto: Karolina Almagia
Fotos: Jon Hernáez

Treinta años de historia. ¿Qué ve cuando echa la vista atrás?
Yo no estuve en los inicios, aunque llevo veinte años, pero cuando miro hacia atrás, veo que en algunas cosas hemos mejorado pero en otras estamos igual o peor. Hemos mejorado bastante en cuanto a cobertura social. Cuando yo llegué a la calle Cortes, me encontré con un barrio muy degradado, con muchos problemas, en el que no había nada de cobertura para las mujeres, las ancianas no tenían recursos y no existía la actual Renta de Garantía de Ingresos (RGI)…. Ahora hay muchos más recursos. Sin embargo, no hay mejora en el tema del rechazo a las mujeres que ejercen la prostitución; es más, creo que estamos peor. Yo he conocido un barrio donde las mujeres que ejercen la prostitución eran aceptadas y casi te diría que estaban valoradas, porque eran una parte importante del barrio y todo el mundo entendía que generaban riqueza de alguna manera. No se tenían que esconder, no había carteles de ‘Prostitución fuera’, no había ordenanzas que multaban por ejercer en la calle, como sí los hay ahora.

El tema de la aceptación social, ¿puede tener que ver con el racismo?
No creo. O no únicamente. Se ha dado una transformación en la ciudad. Hace unos años Bilbao aceptaba que existiera un barrio como Cortes, donde se ejercía la prostitución. Ese era el enclave donde se concentraba prácticamente la totalidad de la prostitución de Bizkaia. Después llegan los problemas con el tráfico de droga y todo el deterioro del barrio, tanto urbanístico como social. Se convierte en un barrio inseguro y hay clientes que no quieren venir. A raíz de eso, se empiezan a abrir clubs en zonas como General Concha, y ahí se da un rechazo vecinal. De ahí la primera ordenanza que regula la prostitución en Bilbao, que es del año 99.

¿Esas ordenanzas municipales han perjudicado a las mujeres que ejercen la prostitución en Bilbao?
Desde luego, no han mejorado su situación. La primera la saca Urbanismo y lo que hace es establecer metros de distancias entre clubes. En ningún caso se habla de mejorar la situación de las mujeres. La segunda ordenanza prohíbe ejercer y demandar servicios sexuales en la calle. Evidentemente, con multas tampoco se ayuda.

¿Cómo fueron los orígenes de Askabide?
María Luisa del Pozo, que es la fundadora, cuenta que comenzaron a meterse en los clubs de la mano del vinatero. Es un grupo de personas voluntarias que empiezan a contactar con esta realidad y ven que hay un colectivo muy vulnerable que no cuenta con ningún apoyo. Se ponen a trabajar y empiezan acompañando al señor que reparte el vino en los clubes, quien les facilita la entrada a esos locales. En estos treinta años, han ido cambiando los proyectos, evidentemente, porque nos hemos ido adaptando a la realidad, pero los objetivos siguen siendo los mismos. Es decir, la base, la misión principal, es estar en contacto con las mujeres que ejercen la prostitución en la calle y en los clubes. Ir a su encuentro. Sin eso, Askabide no tiene sentido porque ninguna mujer va a entrar por la puerta de nuestro centro diciendo ‘Soy prostituta’. Nosotras no partimos de marcos teóricos, nuestro trabajo tiene que ver con el trato directo con estas mujeres.

¿La figura del chulo sigue vigente?
Eso también ha cambiado muchísimo. Antes había calles donde se concentraban todos los clubes, y después de la ordenanza todo cambió. Llegaron los macro clubes, situados en pabellones industriales alejados de la ciudad, y llegaron los pisos, donde hay más mujeres encargadas o ‘mamis’, que gestionan también los anuncios en prensa y el tema de los clientes. Pero es que eso también está cambiando. El formato que más se está dando ahora es el del piso individual, porque las mujeres ya no necesitan anunciarse en la prensa ni exhibirse en la calle: ahora los contactos se hacen vía Internet en páginas como pasion.com. Hemos pasado de la concentración total a la dispersión completa, y eso hace que la prostitución hoy día sea cada vez más invisible, lo que nos parece preocupante. No es que los clubes vayan a morir, porque se usan para el alterne, para las despedidas, etc., pero la mayoría de la prostitución se está ejerciendo ahora mismo en pisos.

Entonces, ¿esas mujeres han ganado en autonomía?
Sí, ya no dependen de nadie, pero eso las hace más vulnerables. No es lo mismo estar en un club, donde tengo una alarma debajo de la cama, o en una calle, rodeada de compañeras, a quedar con alguien a solas a través de Internet. Ahí están indefensas. Ten en cuenta, además, que la prostitución está muy asociada a la movilidad. Si encima eres inmigrante y estás en situación de irregularidad administrativa, ni te cuento lo que puede pasar. ¿Qué herramientas de defensa tienes? Según la Ley, una agresión de un cliente a una prostituta no es violencia de género, porque no hay una relación de pareja y, por lo tanto, se queda en una falta. Dentro del colectivo de prostitución, nosotras localizamos dos grupos-diana: por un lado, las chicas que hacen coche, y por otro, las que hacen servicio a domicilio. El nivel de vulnerabilidad, tanto en el caso de la chica que se sube a un coche con un desconocido como el de la que va un domicilio, es bestial. Ganan en economía, ganan en autonomía, pero pierden en seguridad. Y nosotras lo tenemos mucho más difícil para entrar en contacto con ellas, se nos complica mucho.

Lee la entrevista completa en la Revista Emakunde.

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